24.04.2025
Un delicado bizcocho de miel que se derrite en la boca, ¡incluso sin crema!
Este bizcocho de miel es el epítome de la repostería casera: fácil de hacer, asequible e increíblemente delicioso.
Resulta sorprendentemente suave, aireado, con una textura delicada y un distintivo aroma a miel. Se puede servir tal cual, sin crema: es muy autosuficiente y se derrite en la boca.
Perfecto con té, leche o café.
Y si quieres diversificarlo, se puede convertir fácilmente en un pastel, sólo añadiendo un poco de leche condensada o chocolate.

Ingredientes:
- 6 huevos
- 160 g de azúcar
- 2 cucharadas de miel
- 190 g de harina
- leche condensada – opcional
- nueces picadas – al gusto
Método de cocción:
- Batir los huevos en un recipiente hondo, añadir el azúcar y la miel.
- Batir la mezcla con una batidora durante al menos 10 minutos: debe espesarse y aumentar su volumen de 3 a 4 veces.
- Añade poco a poco la harina tamizada y mezcla suavemente la masa con una espátula o cuchara, haciendo movimientos de abajo hacia arriba para mantener la ligereza.
- Vierte la masa en una fuente para horno (es mejor forrarla con papel vegetal o engrasarla con aceite).
- Hornear a 180ºC durante 30-40 minutos aproximadamente. Comprueba si está cocido con un pincho de madera: debe salir seco.
- Dejar enfriar el bizcocho terminado. Será alto, rubicundo y muy gentil.
- Si lo desea, corte en 2 o 3 porciones y úntelas con leche condensada hervida.
- Es suficiente aplicar leche condensada entre las capas: dos capas para tres pasteles serán perfectas.
- La parte superior del bizcocho también se puede engrasar con leche condensada o rociar con chocolate derretido. Espolvorear con nueces picadas para darle un toque crujiente.
¡Buen provecho! La alegría de compartir repostería casera en familia no tiene precio.